Imagina que tú, otras 20 personas y yo tomáramos una potente droga durante 20 días. Como todos sabemos, las drogas tienen sustancias químicas muy adictivas, así que si lo dejáramos, el día 21 nuestro cuerpo necesitaría esas sustancias. Tendríamos lo que se conoce popularmente como “el mono” o técnicamente como “síndrome de abstinencia”. Seríamos adictos. Eso es lo que significa la adicción en el saber popular.  Sin embargo es probable que conozcas personas que entran en contacto con drogas y que no caen en la adicción, o  que conozcas personas que son adictas a situaciones o experiencias como el juego, el sexo o la comida sin que existan sustancias adictivas de por medio. ¿Qué provoca  entonces realmente la adicción?

 

   En la historia hubo un hecho que puso en tela de juicio todo lo que se creía sobre las drogas hasta ese momento. La guerra de Vietnam. La revista Times informó de que el consumo de heroína entre los soldados estadounidenses era "tan común como mascar chicle", y hay evidencias claras que lo respaldan: un 20% de los soldados estadounidenses desarrollaron adicción a la heroína allí. La sociedad médica estaba aterrada; creía que un gran número de soldados seguiría siendo adicto  cuando volviera a casa al terminar la guerra. No obstante, un 95% de los soldados adictos dejó las drogas cuando regresó a su hogar y muy pocos se sometieron a rehabilitación. ¿Qué conclusiones podemos sacar de esto? Ninguna aún, pero a raíz de esto los científicos Alexander, Coambs y Hadaway desarrollaron un experimento que puso en duda las teorías tradicionales sobre las drogas. 

 

Charlie Sheen interpretando a un soldado estadounidense en la película de 1986, Platoon

 

   Antes de desarrollar este experimento vamos a explicar muy sencillamente los modelos en los que se basaron las teorías tradicionales. Estos modelos utilizaron un experimento simple. Se ponía una rata en una jaula con dos botellas. Una sólo con agua y la otra con droga diluida: cocaína o heroína. Normalmente las ratas que probaban la droga, preferían beber de la botella que la contenía, bebiendo cada vez más, hasta que dejaban de comer y sólo “se drogaban” hasta morir. Otra versión de este experimento consistía en una jaula con dos palancas, una administraba comida y bebida y la otra administraba droga directamente al cerebro (estaban conectadas por un tubo previamente implantado), y el resultado fue el mismo, cada vez las ratas pulsaban más veces la palanca de la droga y menos la de la comida, hasta que llegaba un punto en que sólo pulsaban la de droga y morían de hambre y sed. Se encontraron sorprendentes parecidos entre el comportamiento de los animales y  el comportamiento de los humanos, ya que  la mayoría de casos de adicción comienza con un consumo esporádico, que cada vez va a más, llegando al punto de que conseguir una dosis se convierte en el centro de su vida.

 

   Pero como decíamos anteriormente Alexander, Coambs y Hadaway desarrollaron otro experimento partiendo de la idea de que las ratas, como nosotros, son seres muy sociales, por tanto pensaron que meter a un ser humano en una “jaula” con sólo dos opciones, agua por un lado y droga como único elemento reforzador, provocaría que el ser humano acabase probando la droga y convirtiéndose en un adicto (ahora algún lector estará pensando en las cárceles y los altos índices de adicciones que allí se dan, correcto). Sería en definitiva una tortura tanto para la rata como para el hombre y aquí entra el elemento innovador de estos científicos que se preguntaron qué pasaría si se le daban esas dos opciones en un Rat Park. ¿Y eso que es? Un rat park (parque de ratas) era una pequeña construcción de unos 9 metros cuadrados en la que había juguetes para ratas como rampas, latas para esconderse, ruedas para correr y lo más importante, otras ratas, aparte de todo eso comida, agua y también droga. Sorprendentemente descubrieron que las ratas, como animales curiosos que son, probaban la droga, pero en seguida volvían a un comportamiento normal y se olvidaban de ella; en otra variante del experimento introdujeron en el rat park a ratas que ya eran adictas a la sustancia puesto que habían vivido en la jaula y lo que descubrieron fue que las ratas, poco a poco se iban desintoxicando de la droga a pesar de tener síndrome de abstinencia y decidían cada vez más frecuentemente comportarse de una forma normal y dejar de lado el bebedero con droga, hasta que finalmente “se desenganchaban” totalmente. 

 

Parque de ratas diseñado para el experimento

 

   ¿Qué podemos extraer de todo esto? La importancia de los factores sociales y del contexto en el desarrollo de una adicción. Una persona que viva en un entorno hostil como puede ser un entorno de pobreza, desestructuración familiar, violencia, falta de salud… y tenga a su disposición drogas, es muy probable que “caiga” en la adicción puesto que las drogas proporcionan un refuerzo positivo muy grande, por otro lado una persona que viva en un entorno positivo con una estructura familiar, amigos, trabajo, salud… las drogas le proporcionaran un reforzador positivo importante pero su contexto social le aporta muchos más. Con este contexto social positivo es difícil que se sienta la necesidad de buscar otro reforzador como serían las drogas. Aun así, si se diera la situación, también sería más difícil que “se enganchase” puesto que tiene muchas opciones donde elegir para sentirse bien.

 

Entornos de pobreza, exclusión social  y violencia favorecen la probabilidad de hacerse adicto

 

   Pero si estás leyendo esto y piensas “yo tengo familia, amigos, pareja, trabajo, hobbies, etc. entonces estoy vacunado contra la adicción a las drogas” estás muy equivocado. Existen factores genéticos y de personalidad que influyen en la probabilidad de ser adictos a ciertas sustancias y también recordamos que hay adicciones sin sustancias adictivas de por medio como la adicción al juego o al sexo en las que ciertos factores de personalidad son cruciales.

 

   Además el problema de probar una droga es que tu cerebro registra la cantidad de refuerzo positivo que da y si en algún momento de tu vida pierdes ciertos reforzadores positivos que tienes ahora (trabajo, familiares, etc.) puede que tu cerebro sienta la necesidad de compensar esas carencias con un reforzador que ya conoce, las drogas. 

 

 

 

Natalia Rodera Santillana

Psicóloga del Centro de Servicios Psicológicos La Paz

Dónde estoy